lunes, 12 de agosto de 2013

Fragmento de El Dragón Dorado I: La caza del dragón. Parte I

Todos en Dreaco se encontraban el la recogida del arroz. Dentro de la muralla de Xian el único reino de las Islas de los Dragones, la gente festejaba la Xusian. La Recogida, era una de las fiestas más populares del reino, que consistía en trabajar por la mañana recolectando en los campos de arroz y por la noche festejar y dar gracias a Suyine el Gallo, mascota de Kartia que sembró las primeras semillas en las lslas.

Fuera de la muralla, el festejo era menor, no solo porque sus campos de cultivo no eran tan fértiles como los de la ciudad amurallada si no también por los peligros que conllevaba vivir fuera de Xian. Además dependiendo de como fuera la cosecha podría llevarse a cabo una Quingxi, o purga, que consistía en acabar con los miembros más débiles de los ocho clanes que habitaban el Jiaõ, el espacio de territorio que está fuera de las murallas de Xian. Esto podía implicar que se sacrificaran enfermos, mutilados, ancianos e incluso algunos individuos extremadamente débiles o que eran incapaces de cazar o defenderse.

Yimin preparaba canturreando un exquisito plato de arroz y carne de Deinonychus un pequeño dinosaurio que había cazado su hermano el día anterior. Su hermano mellizo Yogun era cazador, uno de los mejores de su clan ,Yon-chi, ella era su escudera aunque como él, sabía cazar casi cualquier tipo de dinosaurio. Las mujeres no se entrenaban para ser Chinpei, puesto que en la Jingxuan, Elección, nunca se ponían  sus nombres. Éstas debían saber lo básico de la lucha para defenderse de un reptil o dragón pero no tenían por que llegar a ser auténticas cazadoras. Yimin deseaba serlo, se había convertido en la escudera de su hermano, algo que solían hacer los niños que tenían menos de catorce años, para poder llegar a convertirse en la primera Chinpei. Su hermano, la animaba y le brindaba todos los conocimientos que su Laoshi le había brindado en su época de escudero a él. Yogun y Yimin habían cumplido los catorce años ese mismo año lo que significaba que a finales de éste , el nombre del joven podría salir elegido en la Jingxuan para representar como Chinpei a su clan y luchar por que éste puediera entrar en Xian.

Yogun estaba entusiasmado, había hecho rituales de oración para que los Dioses le permitieran ser él el representante de los Yon-chi. Por desgracia todos sus guerreros habían muerto, eran ancianos o sufrían graves mutilaciones debido a los ataques repentinos o la caza. La natalidad entre los Yon-chi no era muy alta, pocas mujeres de otros clanes querían casarse con los Lièrén malditos, título que se les otorgó al ser ellos los culpables de que el reino de Xian perdiera las Islas de la Salvación a manos del  Shõgun Sasken de Nihona.  Yogun era la esperanza que tenían los Yon-chi de poder entrar en la ciudad y recuperar su honor.

-¡Qué bien huele hermanita!- dijo Yogun entrando en su humilde casa.

-Es Cho-Tang, tu plato preferido.-dijo ésta meneando la sopa y volviendo a canturrear.

-Madre, ¿Cómo se encuentra hoy?-preguntó el joven dejando su enorme Xabsian en el suelo y acercándose a la mujer.  Huazisè, como se llamaba la madre de los mellizos era una Boe, una tullida, que sufriría las consecuencias de la purga si ésta se realizaba. La mujer había perdido una pierna en el ataque de un Allosaurio Minimal, el más pequeño de su especie que medía unos siete metros aproximadamente. La mujer no solo quedó tullida de por vida si no que en ese mismo instante también se quedó viuda,sola y con dos criaturas recién nacidas. Huazisè tuvo suerte de que su clan se ocupara de ella y de sus pequeños hasta que éstos pudieron hacerse cargo de ella.

-Me duele el muñón You, se avecina tormenta.-

Su madre se había convertido en la meteoróloga del clan desde que su pierna había sido amputada. Siempre que lo poco que quedaba de su miembro le dolía solía haber grandes tormentas que echaban a perder muchos campos de cultivo y atraían a las fieras.

-No te preocupes madre, estaremos atentos.-Yogun cogió un trozo de pan de arroz recién hecho, cargó su enorme Xabsian sobre su espalda y salió de la casa.

-¡No tardes, la comida está casi hecha!-gritó su hermana al verle salir.

Yogun escuchó a su hermana, pero no respondió, debía seguir vigilando Jiaõ como todos los aspirantes a Chinpei de los otros clanes. El joven se dirigió a su poste de vigilancia, era un poste gigantesco en cuya cima se encontraba una pequeña plataforma donde el Jingtì,vigilante, se colocaba teniendo así una visión más completa de las bastas llanuras y la selva de Dreaco. El poste debía subirse escalando por unas escaleras improvisadas con clavos, para bajar con mayor rapidez se había ingeniado un ascensor de cuerdas con un peso que debía ser bajado nada más se usaba para evitar que en un ataque el vigía se quedara atrapado en las alturas o tuviera que bajar por las escaleras poniendo su vida en peligro. Aquel método era una forma de bajar del poste e cuestión de segundos.

 Yogun se crujió la espalda y observó a Liánhua, la chica más guapa de todo el Jiaõ. El joven soñaba con poder ganar la Shouliè, la Cacería, para poder conseguir entrar en Xian y que ella quisiera casarse con él. Amaba a esa muchacha, era bella, dulce, educada y digna esposa para cualquier Lièrén o Chinpei. La joven sonrió en un tímido saludo y después comenzó a subir las escaleras del poste de vigilancia de los Kan Depao, su clan. Yogun alzó la vista y vio a Ten-chen, el orgulloso padre de la joven y uno de los mejores Lièrén  que su clan tenía. El hombre era el único de su generación que quedaba vivo, porque jamás había sido elegido como Chinpei,algo que el hombre anhelaba.

Los Lièrén era como se conocía a los cazadores, todos se entrenaban con fervor para ser elegidos Chinpei y poder honrar a su clan consiguiendo un sitio en el Xian, aunque no todo era tan bonito como podía parecer. Yogun conocía las consecuencias de no ganar la cacería y era algo que en algunas ocasiones le atormentaba.Todos los que no conseguían ganar trayendo la cola de dragón más grande, debían ser sacrificados como carnaza para los dinosaurios, reptiles y dragones que amenazaran la ciudad.

Yogun observó lo que ellos conocían como la barrera de condenados. Éstos se encadenaban rodeando el Jiaõ hasta la muralla de Xian, así cuando algunas criaturas se acercaban al reino se entretenían comiéndose a los pobres desgraciados. En aquellos momentos solo quedaban tres condenados, una mujer joven hija de un Chinpei del clan de Fua-Peng que había muerto en su cacería y dos de los últimos Chinpeis del clan de Yogun y del Clan Shuõge, otro de los clanes más desgraciados de las afueras de la muralla. El joven observó a Fehui, el condenado de su clan, aquel hombre había sido como un padre para él y le partía el corazón que estuviera allí. Yimin, se encargaba junto a su familia de que no muriera de hambre, pues pocas criaturas eran carroñeras en aquel lugar y un cadáver podría traer muchas enfermedades.

Cuando Yogun se dio cuenta la joven ya había subido los diez metros que medía el poste de vigilancia. You, sonrió. Aquella chica le fascinaba. Volvió a crujirse la espalda y comenzó a subir el poste de su clan.

-Jung Hen, me encargo yo a partir de ahora, ves a comer.-dijo Yogun que ya había llegado a la cima.

-¿Has comido ya joven?-

Yogun negó con la cabeza.-Dile a mi hermana que me traiga la comida aquí.- Sabía que su hermana odiaba que hiciera eso, pero él sentía la necesidad de demostrar que era el mejor del clan. Si por mala suerte su nombre no salía elegido entre los nuevos Chinpeis, probablemente el que representara a su clan sería un hombre anciano. Él tenía que cuidar de que todos los posibles Chinpeis estuvieran descansados y de una sola pieza y por eso procuraba hacer todo el trabajo peligroso o duro.

-Está bien, gracias joven.-dijo el aciano cazador que recogió sus cosas y bajó por el rápido mecanismo de cuerdas para después volver a bajar el peso que permitiría a Yogun descender con rapidez de allí.

El joven observó a Liánhua que se encontraba a unos metros a su izquierda en el poste de su clan. Le había traído la comida a su padre y meticulosa iba sacando uno a uno los paquetitos con el almuerzo. Yogun soltó sus armas, el Xabsian, el Guan Dao, la espada Jian y el Kanabo, para después quitarse la armadura de piel de Gallimimus.

Cada clan tenía una vestimenta distinta, un símbolo que los representaba y unos colores. El de Yogun era una vestimenta sencilla de medias blancas, pantalón y camisa de color negro y una armadura rojiza hecha con la piel teñida de algún reptil, en su caso el de un Gallimimus. Su símbolo era la representación escrita del coraje. Su clan era el único que poseía los tres grandes colores del Rey, el color del cuarzo, del rubí y del onix. Esto se debía a que antiguamente había sido uno de los clanes más importantes de Xian encargándose de la vigilancia y protección del Wang, rey o emperador. Solo les diferenciaba un color del clan del Wang de Xian, el dorado. Cuando un guerrero se convertía en Chinpei se le fabricaba una armadura propia con los colores de su clan que representaban su personalidad. Yogun deseaba que el Jiange, el artesano, de su clan le hiciera su armadura.

Yogun se percató de que la joven le observaba de reojo mientras le servía el té a su padre que había comenzado a comer. En un acto de alardear el joven deshizo el lazo de su trenza y ésta para que su pelo quedara suelto ondeando al viento. El pelo para los cazadores era un símbolo muy importante, cuanto más largo y bonito tenía el pelo un cazador mayor era la suerte que los Dioses le otorgaban. Los padres antes de elegir marido para sus hijas se fijaban en sus melenas, cuanto más fuerte, brillante,lisa, oscura y larga fuese, mayor prosperidad podría proporcionar a su mujer. Para las mujeres era un símbolo de sexualidad y belleza. Liánhua se percató del cortejo de Yogun y enrojeció haciendo que su padre también se diera cuenta. El hombre observó a disgusto al muchacho que rápidamente volvió a recogerse el pelo en una simple cola de caballo.

-¡Eres un idiota!- escuchó desde debajo de su poste. El joven se asomó y vio a su hermana gritando. Suspiró y le gritó que subiera a traerle la comida. Yimin comenzó a subir cargada con la comida de su hermano. Yogun sonrió a Liánhua que le miraba fijamente sonrojada y sin dejar de sonreír. Yogun era uno de los Lièrén más jóvenes que quedaban a las afueras de Xian y cumplía a la perfección el canon de belleza de las mujeres xianitas. La joven se despidió alzando la mano y bajó por el ascensor. Yogun se quedó observándola hasta que se metió en su casa.

-Deja de mirarla, jamás querrá estar con un maldito.-dijo Yimin dejando la comida en el suelo de la plataforma y subiendo el último peldaño.

Yogun resopló ante la afirmación de su hermana y se sentó en el suelo para abrir las cajitas de comida que le había traído.

-Mamá quería que comiéramos los tres juntos.-dijo la joven observando la cúpula rosada que protegía a Xian de los ataques de los saurios.

-Lo sé, pero he de impresionarle para que me deje casarme con ella.-dijo guiñando un ojo y señalando con la cabeza al padre de Liánhua.

Yimin no podía evitar sentirse celosa cuando su hermano hablaba de casarse. Él no tendría ningún problema en conseguir una mujer con la que compartir su vida a pesar de la maldición que supuestamente recaía sobre su clan. Era guapo, apuesto, valiente y uno de los mejores cazadores a pesar de su juventud. En cambio ella....Todos creían que era un chico, incluso la confundían a veces con su hermano, la llamaban escudero y en ocasiones la obligaban a ir a los baños de hombres alegando que era un niño. ¿Qué hombre querría casarse con una mujer que físicamente es igual a otro hombre?
 Muchos de los clanes pensaban que era el hermano pequeño de Yogun y que por eso éste le entrenaba haciéndole su escudero. Los mellizos se parecían mucho a pesar de la diferencia de estatura, concretamente Yogun medía veinte centímetros más que su hermana, lo que hacía que los demás pensaran que era más joven que él. De cara eran muy parecidos y debido a que los dos llevaban el pelo igual de largo y siempre recogido de la misma forma, hacía que fuese prácticamente imposible distinguir a Yimin como una mujer. Su falta de atributos femeninos, como el pecho, también ayudaba a ello. Las mujeres xianitas no se caracterizaban por tener un busto grande pero Yimin incluso tenía menos que algunas niñas más jóvenes que ella. A ella nunca le había importado parecerse a su hermano e incluso que pensaran que era un chico, hasta que su hermano había empezado a pensar en casarse. Ella procuraba buscar un candidato para casarse con ella pero ninguno la miraba como una posible prometida, todos la veían como el escudero.

-¿Qué ocurre?-dijo el chico metiéndose un trozo de pan de arroz en la boca.

-No quiero que te cases. ¿Qué haré yo sola?-

-Estarás con mamá y seguirás viviendo conmigo hasta que encuentres un hombre.-

-¿Cómo voy a encontrar un hombre si todos creen que soy un niño?-

Yogun sonrió aunque sabía que aquello era algo que preocupaba a su hermana.-No eres un chico, eres una joven xianita preciosa, solo necesitas dejar de vestirte con la ropa de guerrero de papá.-

-Soy tu escudera. ¿Cómo debería vestir?-

-Eres muy femenina, sabrás como decorar el traje para que te reconozcan como mujer.-

Yimin asintió y se percató de que su hermano tenía la trenza deshecha. Se sentó tras él y comenzó a hacérsela mientras él comía.

-¿Le has mostrado tu melena?-

-Así es.-dijo el joven con la boca llena.

-Se habrá vuelto loca, no hay ningún hombre en toda la isla que tenga el pelo más bonito que el tuyo.-dijo la joven mientras terminaba de hacerle la trenza a su hermano.

De repente se escucharon ruidos en la selva que rodeaba el reino. Yogun se quedó paralizado llevándose un trozo de carne a la boca. Yimin observó la selva y después miró fijamente a su hermano. El joven se levantó y cogió unos anteojos que había en la plataforma. Yimin observó al padre de Liánhua que hacía lo mismo que su hermano, cuando de repente Yogun cogió el mangtong, una flauta de medio metro que daba el sonido de alerta de la llegada de criaturas, y comenzó a tocarlo con fuerza. A él se sumaron los siete vigías más que estaban cada uno en sus postes hasta que comenzaron a escuchar el gong de Xian, informando que habían comprendido el mensaje.

Cada aviso tenía un tono distinto. Si venían por tierra o aire, si eran dinosaurios, reptiles grandes,dragones o megadracos, para cada cosa había un sonido diferente. Yogun dejó de tocar el instrumento, cogió sus armas y rápidamente agarró a su hermana y bajó por el ascensor.

-Ves a por tus armas.-

-¿Qué son?-preguntó la joven.

Yogun cogió la barbilla de su hermana y le giró la cara para que pudiera ver a las criaturas. Una manada de unos veinte velociraptores se acercaban a toda prisa hacia ellos. Yimin salió corriendo hacia su casa en busca de sus armas.  Los velociraptores eran criaturas de pequeña estatura comparados con otros saurios que habitaban Dreaco, los especímenes adultos llegaban a medir un metro ochenta, unos cuarenta centímetros más de lo que lo que Yimin medía,  pero aquellas criaturas eran famosas por su inteligencia y ferocidad. Sus enormes garras les hacían un espécimen letal en manada y bastante peligroso.

Yogun que se había quitado la armadura dejándola en el poste de vigilancia comenzó a correr hacia ellos, sin importarle nada más que defender a su clan. Cuatro de los primeros depredadores comenzaron a matar a la mujer encadenada entreteniéndose con ella. Los dos encadenados que quedaban comenzaron a gritar. Yogun no llegó a distinguir si era de miedo o si intentaban cumplir con su cometido. Unas cuantas criaturas más se entretuvieron con los dos condenados, asesinándolos y devorándolos.

Yogun se paró y cogió su Guan Dao esperando la llegada del primer dinosaurio. El Guan Dao era una especie de lanza con una hoja de sable grande y ancha e la punta y con un peso de metal en el otro extremo para contrarrestar. Aquella arma era muy buena para criaturas ágiles y rápidas.

Yimin llegó en seguida.

-¿Por qué no se acercan?-dijo la joven viendo a los velociraptores acechar a los cazadores sin acercarse a ellos.

-No lo sé.-

Yimin había cogido su tres armas favoritas, el mangual corto con pinchos,el mangual largo de disco y el último el mangual de cadena. La joven llevaba las tres armas colgadas a su cintura, cogió el mangual de cadena, que consistía en una cadena de dos metros que tenía a ambos extremos dos bolas con pinchos, y comenzó a darle vueltas en el aire haciendo que al cortar el aire se oyera un melódico sonido que a ella le apasionaba.

Todos los Lièrén permanecían a la expectativa esperando el ataque de aquellos aletargados dinosaurios. Yogun en seguida recordó todo lo que su madre le había contado sobre aquellas criaturas, eran después de los dragones los saurios más inteligentes. El joven se percató de que las criaturas proferían gritos y se estaban comunicando y entonces lo entendió todo.

-¡Están tramando algo!-gritó Yogun.

Yimin se quedó atónita. ¿De qué estaba hablando?

-Vamos a por esos dos Yim, son los cabezillas.-

Rápidamente Yogun comenzó a correr seguido por su hermana haciendo que los dinosaurios se pusieran nerviosos. Segundos después todos los Lièrén hicieron lo mismo que los jóvenes.

Las dos criaturas observaban a los joven que corrían hacia ellos dieron un fuerte grito y comenzaron a correr en dirección a los chicos.

Yogun empuñaba su Guan Dao cuando el dinosaurio se acercó. La criatura al ver el arma intentó esquivarla con rapidez girando hacia la derecha pero se topó con la bola de púas del mangual de Yimin. El otro velociraptor paró en seco al ver el fuerte golpe que se había llevado su compañero.

-¡Es una hembra!-gritó Yimin observando el color rojizo del cuello de la criatura que había golpeado.  Las hembras poseían plumas más duras y de mejor calidad que los machos por lo que su caza era más valiosa. Que se encontraran ante una hacía que la joven se entusiasmara.

Yogun aprovechó el golpe de su hermana para apuñalar con su lanza a la pobre velociraptor causándole una herida mortal.  La criatura comenzó a gritar de dolor haciendo que su compañero se enfureciera. De repente vieron como de la espesura de la selva salían más velociraptores furiosos y ansiosos por llevarse algo a la boca.

-¡Es el jefe Yimin!-gritó Yogun.

Durante los miles de años que aquella isla había sido habitada por los xianitas habían podido constatar que todas las manadas de reptiles, dinosaurios,dragones o megadracos obedecían a un líder. Si se acababa con él, la mayoría se retiraban en busca de un nuevo líder. Para que aquellas criaturas se marcharan de su territorio debían acabar con aquel pequeño jefe saurio.

Yimin intentó golpear con la cadena a la criatura pero ésta la esquivó de un salto, de repente los dos jóvenes estaban rodeados por unos saurios rabiosos que intentaban defender a su jefe.

-Ocúpate de ellos Yim. Yo me encargaré de él.- dijo el joven sin quitarle ojo a aquel saurio.

Yimin comenzó a girar la cadena con ambas manos,alzando sus brazos para evitar darse a si misma y a su hermano, y después asestar a la vez dos golpes certeros a dos de las criaturas, matando a una en el acto y dejando a la otra ciega de un ojo. La joven repitió varias veces la misma operación con todas las criaturas que llegaban. Su prioridad era que no atacaran a su hermano que estaba concentrado en acabar con su líder.

Yogun miraba fijamente al saurio jefe. Ambos sabían que de aquel enfrentamiento uno debía acabar muerto. El joven cazador había aprendido el lenguaje corporal de los saurios y sabía que al comenzar a dar vueltas a su alrededor le estaba indicando un duelo territorial. ¡Este es mi territorio y no te dejaré pasar! pensó para si mismo el joven. La criatura daba pequeños saltos hacia el frente intentando alcanzar al joven con su afilada garra. Aquellas criaturas utilizaban esa mortal arma no solo para desgarrar la carne de sus victimas para poder comer si no también para alcanzar puntos vitales y conseguir una muerte rápida. Yogun tenía la ventaja de su lanza que era lo suficientemente larga para que el animal a penas pudiera acercarse a él.

A pesar de ser más los saurios estaban en desventaja, aunque eso no impidió a uno de ellos burlar los efectivos golpes de Yimin y saltar rápidamente a atacar a Yogun. El joven sintió la afilada garra perforando la piel de su costado izquierdo,justo debajo de la axila, algo que hizo que se retorciera de dolor cayendo de rodillas al suelo. Yimin escuchó a su hermano gritar y corrió a quitarle al atacante de encima.
La joven consiguió alcanzar al saurio que había herido a su hermano, un gran chorro de sangre salió de la herida del joven justo cuando la garra dejó de taponar la herida. La chica consiguió quitarle a tres saurios más que intentaban rematar la faena que el primero había empezado, lo que hizo que no pudiera deshacerse del jefe que rápidamente al ver que el joven había soltado la lanza dio un salto hacia él dispuesto a clavar su garra en su cuello.

Yogun rápidamente desenvainó su espada Jian y aprovechó el saltó de la criatura para clavársela en el vientre desparramando al sacarla del cuerpo todas las tripas del saurio. Yimin estaba ocupada evitando que más velociraptores se unieran a aquella pelea entre su hermano y el líder por lo que no se dio cuenta de lo que éste había hecho. Solo cuando empezó a ver como muchos de los saurios salían despavoridos se percató de lo que había ocurrido.

Las criaturas comenzaron a adentrarse en la selva nuevamente dejando los cadáveres de algunos de sus congéneres y de sus líderes como trofeos para los triunfantes xianitas.

-¿You estás bien?- dijo la joven dirigiéndose a su hermano tan pronto la última criatura con la que peleaba había huido.

El joven se puso en pie y observó la cantidad de sangre que había en el suelo. Su hermana le levantó la fina camisa que había sido perforada por la letal garra del saurio y vio la enorme herida que le había causado. La herida sangraba profusamente. La joven miró el suelo ensangrentado y pudo observar el chorro de sangre que había salido de la herida de su hermano al dejar de ser taponada por la garra del saurio.

-¡Tiene que verte el médico!-gritó la chica.

Yogun permanecía callado mientras volvía a enfundar su espada y su lanza.

-¡You!-gritó su hermana.

El joven escuchó a lo lejos aquel grito y de repente empezó a nublársele la vista, sintió náuseas y cayó en redondo al suelo ante los atónitos ojos de su hermana.

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El Dragón Dorado I: La caza del dragón. by Lidia Rodríguez Garrocho is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

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