jueves, 1 de agosto de 2013

Fragmento Miembros del Círculo III-Breden: Templario Vacío Parte II

[AVISO QUE ESTE FRAGMENTO PUEDE SER VIOLENTO O HERIR LA SENSIBILIDAD DEL LECTOR. BAJO TU RESPONSABILIDAD QUEDA LEERLO O NO]

Llevaba unos tres días allí encerrado en aquella húmeda celda subterránea. Vera había venido a traerle de comer una vez al día y aprovechaba para curarle las heridas. Breden sentía como su pierna rota se estaba curando mal, pero daba gracias a que la joven venía a calmarle un poco aquellos terribles dolores aunque fuese con su simple presencia.

No sabía que hora era pero cuando escuchó la puerta de metal por donde Vera venía sintió un alivio y una alegría que le era difícil de entender. Escuchó como la joven hablaba con el guardia y como éste se acercaba para abrirle la puerta.

-¡Hola Breden!-le dijo la chica con su acento nórdico y su voz dulce.

El día anterior el templario había reunido el valor suficiente para preguntarle acerca de su vida, le preguntó como se llamaba a lo que ella respondió Vera, algo que él sabía desde el primer día que la vio, también de donde era, ella le dijo que Sorstag, una región de Atsilan situada al sur. No le habló de su familia ni de su lugar de origen a pesar de que él le preguntó pero si se interesó por él. Él le dijo que era Templario de Huen, que se llamaba Breden y que estaba solo en esta vida. Aquella frase esperaba llamar la atención de la joven, hacer que se sintiera identificada pero el pánico que sentía era más fuerte que las ganas de ser libre. Tan fuerte era que Breden se había llegado a plantear la opción de que tal vez ella pudiese estar allí por su propia voluntad.

-¡Hola Vera!- le respondió el siervo del tiempo.

-¿Se encuentra mejor hoy?-

Breden había tenido un fuerte dolor de estómago durante estos dos últimos días, algo que le había comentado, ella el día anterior le había traido una infusión y la verdad es que había hecho efecto.

-Sí, estoy mejor.-

La joven traía  un barreño lleno de agua y justo encima de él una bandeja con comida, nada del otro mundo, un trozo de pan y dos lonchas de queso con un vaso único de agua. Comenzó a lavarle la espalda mientras él comía y se sorprendió de lo rápido que estaban cicatrizando sus heridas. Breden podía ver con ambos ojos ahora, la hinchazón había desaparecido y era algo que agradecía. Vera, se había fijado en su zéner y le había preguntado acerca de él, le explicó que su forma en espiral le daba el poder de controlar el dolor, algo que era totalmente falso. Ella le creyó y viendo a las torturas a las que había sido sometido le pareció bastante útil.

Breden saboreaba el queso como si fuese el último que quedaba en Kartia, o incluso en Thaindor, Vera mientras tanto le limpiaba las enormes heridas de la espalda. De repente el zéner volvió a activarse al sentir nuevamente el tacto de la piel de la joven con la del templario. Jamás le había ocurrido el poder ver dos recuerdos de alguien en tan poco tiempo. Breden podía ver los recuerdos más dolorosos de la gente a veces veía más de uno a la vez pero no solía ver dos de la misma persona en días tan seguidos, solían pasar años y miles de vivencias y a pesar de que había aprendido a indagar en los recuerdos de la gente, tenía que concentrarse mucho para poder hacerlo algo que en esos momentos no podía hacer.

Se encontraba encadenado de pies y manos en una lujosa habitación. Sentía dolor en las muñecas y en los tobillos pero no el pánico que había sentido en el anterior recuerdo. Se sentía satisfecho y contento por haber dejado escapar a tres jóvenes procedentes del norte. De repente apareció el Obispo. Breden no solo lo reconoció por los recuerdos y pensamientos de Vera si no también por sus ropajes, blanco, carmesí y morado eran los colores propios de un Obispo de Huen. 

-¡Te has portado mal Vera!-dijo en un tono bastante burlón, algo que le pareció repugnante al templario.-Deberás pagar por esta insolencia.- se acercó a la joven y la agarró del pelo. Sentía como la fuerza y entereza de la muchacha hacían que sostuviera la lágrimas que a punto estaban de aflorar de sus preciosos ojos color zafiro. El anciano se levantó la sotana y casi en cuestión de segundos Breden notó una asquerosa asfixia que le hacía tener arcadas y revolvía su estómago. El templario deseó no haber sentido todo lo que aquella primera sensación conllevaba y prácticamente se limitó como un autómata a sentir aquella repugnante sensación. La angustia que sentía la joven sumada a la inmunda sensación de revivir aquel recuerdo estaban haciendo que Breden sintiera que el poco queso que había saboreado con tanto afán quisiera abandonar su cuerpo para pasar a ser parte de la suciedad que adornaba aquella celda. Sintió como la lujuria del Obispo llegaba a su fin con la culminación de aquel placer carnal que se había otorgado el siervo de Huen a costa de la humillación de la joven. Aquella sensación fue el súmmum de lo repulsivo, sentía su boca seca y pegajosa y como la joven sentía arcadas casi cada segundo. 

-Así aprenderás a no hacer lo que no debes.-inquirió aquel bastardo violador.

¡Hijo de Puta! pensó Breden. ¿Cómo un Obispo hacía estas cosas? ¿Qué estaba ocurriendo en el credo? Sintiendo como a Vera le subía todo el contenido de su estómago como una gigante ola y de repente vomitó. Sentía el ácido sabor del vómito en su boca y las lágrimas que le caían por las mejillas.

-¿Qué coño haces guarra? ¡Limpia eso!-le reprendió el viejo restregándole la cara en el vomitado. Breden sentía más rabia que asco. Deseaba cortar en pedacitos aquel malnacido con su mandoble y dárselo de comer a las ratas. ¿Cómo podía hacer algo así a una mujer? Una mujer, Vera no era ni eso, ¡era una niña!
Sintió la impotencia, rabia y angustia de la joven y sus pensamiento homicidas hacia aquel desalmado que no distaban mucho de los que Breden había tenido segundos antes. 


El recuerdo terminó haciendo que Breden se sintiera aliviado. Había visto sin fin de calamidades que sus conocidos y allegados habían sufrido pero jamás había sentido tanto dolor como con aquella chica. Miró el trozo de pan y se obligó a comer a pesar de que lo que había vivido le había quitado el hambre por completo.

-¡Listo! Está cicatrizando todo muy rápido.-dijo Vera ajena a lo que el templario estaba viviendo en su fuero interno.

-¿Qué edad tienes Vera?-

La chica le observaba la pierna ahora, y sopesaba si debía cambiarle o no el vendaje que le había puesto. -¿Por qué lo pregunta?-

-Curiosidad.-

-Tengo diecisiete años. ¿Y usted?-

-Tengo unos pocos más que tú.-

Vera sonrió.-¿Y cuántos son  pocos?-

-Diez más.-

Vera volvió a sonreír y decidió cambiarle el vendaje de la pierna.

-Cómase el pan, necesita recuperar fuerzas.-

Breden la miró atentamente, como podía ser tan inocente y pura a pesar de todas las barbaridades que había sufrido.  Estaba perdiendo la fe en su dios o por lo menos en la institución que lo veneraba, pero aquella muchacha le hacía sentir que había algo que se alzaba por encima de la religión, por encima de cualquier creencia, de las barbaries cometidas como actos de fe o incluso como simples instrumentos de vejación, en esos momento no sabía de que se trataba, no sabía que aquello que el pensaba que era simple admiración era el comienzo de un amor hacia una mujer que jamás volvería a sentir.

Breden le puso la mano en el hombro, jamás había tocado a una mujer y si se le hubiese pasado por la cabeza hacerlo sin pedir permiso como había hecho en aquel instante. Vera le miró asustada. ¿Temía que él también abusara de ella?

-Tranquila, solo quería darte las gracias por todo lo que estás haciendo conmigo.-

El rostro de la joven se suavizó, estaba aliviada aunque seguía incomodándole que el hombre le tocara sus hombros desnudos. -No te mereces sufrir jamás, no consientas que nadie te haga sufrir.-  Breden le acarició la mejilla sintiendo un tremendo placer al hacerlo, aunque sin poder evitar sentirse sucio al desear aquellas caricias y el roce con su piel. No quería que ella pensara que él era igual que todo los que allí estaban, que era un templario más de los que violan y matan jovencitas nórdicas, pero el tacto de su piel era la mayor droga que había experimentado hasta la fecha incluso mejor que los mejunjes que tomaban los oráculos para tener sus revelaciones.

Vera se sintió incómoda y rápidamente recogió sus cosas y llamó al guardia. Breden no insistió, la dejó marchar, no quería forzarla a confiar en él, poco a poco conseguiría ganarse su confianza y así salvarla de aquel infierno.



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Miembros del Círculo-Breden:Templario vacío. by Lidia Rodríguez Garrocho is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

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