viernes, 30 de agosto de 2013

¡Misterio número cinco!

De repente todo el mundo había desaparecido y él se encontraba nuevamente en el desierto que tanto conocía.

Miró a su alrededor solo arena, grandes montañas de arena. Odiaba aquel paisaje, lo odiaba con toda su alma y allí volvía a estar, como la última vez, solo.

Cerró los ojos y recordó las palabras de la Lacrima.

"Y cuando no veas ninguna solució, cuando no quede nadie más, recuerda que solo tú puedes acabar contigo mismo"

Suspiró, para acto seguido dejarse caer en el arenoso terreno.
¿Qué quería decir la última frase?¿Tenía que suicidarse?

"Utilízala,solo tú puedes acabar contigo mismo"

Escuchó la voz de la Lacrima como si estuviese frente a él. La voz de la chica retumbaba en su cabeza.
Miro la daga del éter y volvió a pensar en aquellas palabras. ¿A caso debía suicidarse?

-¿He de acabar con mi vida?-gritó al cielo como si aún allí estuvieran los dioses, que había visto muertos casi al principio de su aventura. 

Escuchó el eco de su voz y le pareció estar acompañado. Recordó esa sensación, recordó a todos los que había conocido en esa aventura, y el dolor se incremento al rememorar la pérdida de todos ellos.

-¿Es este el destino que los dioses me deparan?- gritó desesperado llevándose la daga al cuello y volviendo a escuchar el tremendo eco de aquel desértico paraje.

Pero de repente le vio, allí llegaba la Esclavitud a lomos de su temido caballo. Agudizó su vista y vio que el jinete no lucía como las leyendas contaban. Estaba encorvado y se movía únicamente al ritmo de los pasos de animal que lo transportaba. ¿Estaba muerto?



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